"El arte de nuestros enemigos es desmoralizar, entristecer a los pueblos. Los pueblos deprimidos no vencen. Por eso venimos a combatir por el país alegremente. Nada grande se puede hacer con la tristeza." Arturo Jauretche.

14 de marzo de 2011

Referentes del Pensamiento Nacional - Compañeros del Campo Popular.

Parte II
Envar "Cacho" El Kadri: fundador de las Fuerzas Armadas Peronistas, inspirador de miles de jóvenes.


Hubo un hombre en nuestra patria que acaparó las primeras planas de los diarios a fines de 1968. El motivo lo veremos más adelante. Cordobés de nacimiento, nacido en Río Cuarto un 1° de mayo de 1941. Hijo de inmigrantes libaneses, ex estudiante del liceo militar, abogado laborista. Con la última dictadura militar que asoló a nuestra Nación debió exiliarse en Beirut, Madrid y París. Fue productor cinematográfico de varias películas de Fernando Solanas como así también productor discográfico independiente. Falleció en Tilcara, Jujuy, el 19 de julio de 1998, de un ataque al corazón.

Se llamaba Envar El Kadri. Pero todos le decíamos "Cacho" y rápidamente debo dejar por escrito que fue él, a no dudarlo, mi hermano de lucha, de compromiso, de militancia. Ocupó, con creces en mi vida, el lugar de ese hermano de sangre que nunca tuve. Los jóvenes que lean esta nota deberán saber también que este curtido militante combatió a todas las dictaduras
militares que le tocó padecer (Lonardi, Aramburu, Rojas, Onganía, Levingston, Lanusse, Videla, Viola, Galtieri, Bignone) sabiendo que cada una de ellas era más sanguinaria y represiva que la anterior.
El derrocamiento del gobierno constitucional de Juan D. Perón, en 1955, lo sorprende en su temprana juventud. Dirá: "A partir de 1955, muchos jóvenes de 14 a 17 años nos sentimos inquietos y movilizados y preguntábamos por qué razón estaba proscripto el peronismo. No se podía nombrar a Perón, no se podía tener un retrato, una íolo de Evita, porque un grupo de sublevados toma las armas, el poder y proscribe y anula la Constitución por decreto".

"Cacho" siempre fue peronista, como lo fue la gran mayoría de nuestro pueblo. "Digamos que me formé en un hogar peronista. No de militantes, por el hecho de que mi padre era libanés. Además cuando vinimos a Buenos Aires -vivimos en el barrio de Ciudadela, primero- aprendimos en carne propia cómo era la lucha por la vida, Mi padre salía con las valijas cargadas de cosas de mercería -botones, hilos, agujas- que iba vendiendo hasta que instaló un negocito (...) Tuve la influencia de todo el medio ambiente en el cual me crié. Mis abuelos, mis tíos, todos eran peronistas... y para mí fue una cosa muy natural serlo: éramos los únicos privilegiados en esa época, fui a una colonia de vacaciones, vi una vez pasar a Evita a unos metros de mí".
Y así fue que El Kadri, al igual que millones de compatriotas, se anotó en la epopeya más grande y espectacular de que tenga memoria el pueblo argentino: la Resistencia Peronista.

"Nosotros comenzamos el activismo allá por el 57 en la esquina de Corrientes y Esmeralda. Allí nos juntábamos con gente en forma espontánea a cantar "la marchita" o simplemente silbarla y como en ese momentos estaba vigente el decreto 4.161 que proscribía al peronismo y su simbología, enseguida caía un carro de asalto de la policía y nos hacía circular. Cuando nos resistíamos nos dispersaban a palo limpio. Otras veces poníamos una foto de Perón o una de Evita colgada de un cartelito en el que estaba el número de la calle, y nunca faltaba un 'gorilón', que caía por el lugar y la intentaba sacar. Y, por supuesto, cobraba de lo lindo... Así nos fuimos conociendo con otros compañeros con los que formaríamos la primera Juventud Peronista: los hermanos Rearte, Rulli, el petiso Spina, Felipe Vallese, Tullí Bevilacqua y tantos otros".
Cabe mencionar que también tomaban parte en esta Juventud Peronista algunas chicas, verdaderas pioneras en la lucha por la liberación nacional y social de nuestra patria: "Estaban Bechi, Aída, Clarisa, Inés Sosa Molina que era hija del general peronista. Y cuando te hablo de ella me acuerdo que yo le daba mis anteojos cuando nos peleábamos en Corrientes y Esmeralda, para que me los guardara, y resulta que al final ella también se metía a repartir carterazos a troche y moche...".

La dictadura de Rojas y Aramburu no puede mantenerse en el poder y llama a elecciones con el peronismo siempre proscripto. Un acuerdo entre Perón y Frondizi da los votos peronistas a este último, quien asume la primera" > magistratura. Una vez en el gobierno, Frondizi comienza a hacer exactamente todo lo contrario a lo prometido en la campaña electoral y a lo firmado en el pacto con el líder exiliado. El pueblo en su conjunto, entonces, retoma la lucha. Frondizi tratará de "integrar" el peronismo al sistema,: volviéndolo dócil e inocuo en base a prebendas, concesiones y sobornos. Tratará de lograr lo que no pudo la violencia bruta y descarnada de sus antecesores en el cargo.
El presidente Frondizi a principios de 1959 ordena la privatización del Frigorífico Lisandro de la Torre. Los trabajadores disponen una huelga general revolucionaria que dura tres días y pone en vilo al país. Mi amigo Cacho participa de los acontecimientos: "Sebastián Borro y sus compañeros habían tomado el frigorífico y se habían atrincherado adentro. Después vinieron tropas del ejército, de la gendarmería, tanques y todo eso, rompieron las barreras, entraron y apalearon a todo el mundo y los metieron a todos presos. Nosotros, en esas pequeñas escaramuzas que hacíamos, rompíamos todos los faroles, por ejemplo de la zona de Mataderos, para que quedara el barrio a oscuras. El grupo nuestro, que era de la Juventud Peronista, desarmó a un policía. Y el policía vino como veinte cuadras corriendo atrás nuestro gritando que le devolviéramos la pistola 'porque sino se la iban a hacer pagar'. Y al final los muchachos se apiadaron y se la devolvieron. Hoy parece una cosa insólita, pero nosotros decíamos 'Bueno, es un trabajador'; 'La policía es peronista...', 'Son como nosotros...', es decir, habió un profundo respeto por la vida y la integridad física de los demás".

Frondizi cae en 1962 víctima de sus propias contradicciones. Luego de un interregno del Dr. Guido -elegido a dedo por los jefes de las tres armas y nadie más- llega a la presidencia el radicalismo, a través del gobierno del Dr. Arturo Illia, con solamente el 23% de los votos emitidos y el peronismo nuevamente proscripto. Un gobierno de naturaleza tan raquítica no podía perdurar mucho y en 1966 es interrumpido por otro golpe militar que impone como presidente de facto al general Juan Carlos Onganía. Un dictador cursillista y ultramontano, con ínfulas de emperador, que por ejemplo, inauguraba las actividades de la aristocrática Sociedad Rural de Palermo apoltronado en una carroza tirada por cuatro caballos.

En 1968 surgen bajo la dirección de "Cacho" El Kadri, las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP). Él nos aclara que: "Cuando nos cansamos de que los distintos dirigentes del peronismo de ese tiempo nos intentaran utilizar o condicionar en función de apoyos superficiales que nos otorgaban, cuando nos dimos cuenta que estaban cerradas todas las puertas de la legalidad, decidimos hacer las cosas 'a nuestra manera' y creamos las Fuerzas Armadas Peronistas. Nuestro objetivo principal era el de desarrollar la lucha 'por el retorno de Perón a la patria y al poder'. Un grupo compuesto por compañeros que provenían de varias provincias se instaló en Taco Ralo, Tucumán. Pero el intento fue abortado y fuimos detenidos 14 compañeros, entre ellos una mujer". El rostro de "Cacho", desaliñado, barbudo y con gruesos anteojos que le daban un aspecto de intelectual comprometido con el cambio revolucionario, ganó las primeras páginas de todos los diarios del país. "Extremista", "subversivo", "agente castro-comunista", "guerrillero marxista", fueron algunas de las definiciones que acompañaron su foto y su figura demacrada. Pero ese error de caracterización ideológica sería rápidamente disipado.
Busco en mis archivos y encuentro el primer comunicado de las FAP dado a conocer a su pueblo en noviembre de 1968.


Es una verdadera declaración de principios. Del mismo recupero: "Pertenecemos a la nueva generación peronista nacida a la lucha, en medio del estruendo de las bombas asesinas del 16 de junio de 1955 en Plaza de Mayo y los fusilamientos del 9 de junio de 1956 del General Valle y sus valientes compañeros. Nuestra juventud se lanzó a la lucha por la reconquista de la 'felicidad del Pueblo y la grandeza de la Nación' y muchos de nuestros compañeros Felipe Vallese, Mario Bevilacqua, Marcial Martínez, Santiago Pampillón y muchos más- pagaron con su vida la lealtad de nuestra generación a la Causa del Pueblo. En medio de este ambiente de violencia -fusilamientos, represión Conintes, leyes de emergencia, asesinatos, proscripción sistemática de la mayoría, etc.- elegido por la oligarquía como única forma de mantener sus injustos y anacrónicos privilegios, vimos a las fuerzas armadas convertirse en guardia pretoriana del sistema, defensora de la dependencia y pérdida de nuestra soberanía, así como en sistemáticos burladores de la voluntad popular, aún cuando ella se expresaba condicionada a las mismas reglas arbitrarias por ellos establecidas (...) Ante este estado de cosas y convencidos de la necesidad de lograr la Independencia Económica, la Soberanía Política y la Justicia Social en nuestra Patria, así como de la imposibilidad de hacerlo por otro medio que no fuera el de la lucha armada, grupos de jóvenes peronistas (FAP), al igual que nuestras montoneras gauchas y los descamisados que hicieron posible el 17 de octubre de 1945, decidimos iniciar la guerra revolucionaria como forma de señalarle al pueblo el auténtico camino hacia su propia liberación, porque como dijera nuestro Conductor: 'Al pueblo sólo lo salvará el pueblo' y como forma de disputarle al régimen el poder político en el único lenguaje que él entiende: el de la fuerza, cumpliendo así con el precepto constitucional de armarse en defensa de la Patria".
Este manifiesto, del cual El Kadri tomó activa parte en su constitución y redacción, fue ocultado por el régimen. La heroica decisión de estos jóvenes pareció en aquellos momentos sumergirse en el olvido, sin pena ni gloria. 
Graso error. Seis meses más tarde estallaba "el Cordobazo". Y de ahí en más comenzó la cuenta regresiva para el régimen. El 17 de noviembre de 1972, Perón regresaba a la Argentina. En marzo de 1973 hubo elecciones y triunfó el peronismo. El mismo Perón fue elegido presidente por medio del voto en octubre de ese mismo año. Evidentemente la lucha que allá por 1957 comenzaron "Cacho" y sus compañeros no fue en vano.

El resto es parte de una historia más reciente y compleja, imposible de desmenuzar en la brevedad de este artículo.
Cierta vez le preguntaron a Él Kadri si podía hacer un balance de la historia reciente y de su participación en ella. Contestó con una frase antológica digna de ser exhibida, cada vez que sea necesario, a las nuevas generaciones de argentinos: "Perdimos, no pudimos hacer la revolución. Pero tuvimos, tenemos, tendremos razón en intentarlo. Y ganaremos cada vez que algún joven lea estas líneas y sepa que no todo se compra ni se vende y sienta ganas de querer cambiar el mundo".
Así pasó "Cacho" por este mundo: leal, combativo, transparente, solidario, contestatario, noble, valiente, sanguíneo. Siempre puso sus conocimientos e inteligencia al servicio de las causas populares y dentro de éstas encontró en el peronismo la razón de su vida... Permítaseme honrarlo con este escrito, en homenaje a su memoria.

Autor: Roberto Baschetti, sociólogo e historiador. Autor de "Documentos de la Resistencia Peronista".

El Kadri textual:


"Perdimos, no pudimos hacer la revolución. Pero tuvimos, tenemos, tendremos razón en intentarlo. Y ganaremos cada vez que algún joven lea estas líneas y sepa que no todo se compra ni se vende y sienta ganas de querer cambiar el mundo."


"La derrota de un proyecto de país liberado, con justicia social con soberanía política y con independencia económica se va a ir revirtiendo en la medida en que seamos capaces de construir desde nosotros mismos ese mundo solidario, más justo, más fraterno, más igualitario que soñamos y por el cual luchamos."


Reportaje de Héctor Méndez, publicado en el diario La Capital de Rosario, abril 1996.

¿Cuales fueron las principales motivaciones que tuviste vos y tu generación para participar activamente en la política?

"Creo que la primera de todas es un profundo sentido de rebeldía ante la injusticia. Habíamos visto como el gobierno constitucional de Perón era derribado por un grupo que se arrogaba la representación de todo el pueblo argentino, y que como sabían que por el lado de las urnas no podían vencer al peronismo de aquella época, decidieron dar un golpe salvaje. Esto nos movió mucho internamente ¿Cuál era nuestro sentido? ¿Qué debíamos hacer? ¿Quedarnos en nuestras casas y aceptar pasivamente eso que estaba ocurriendo? Entonces muchos jóvenes de mi época decidimos que no, que habíaque levantar las banderas de nuestros ideales, que no podíamos admitir que hubiera ciudadanos de primera que eran los "democráticos", y ciudadanos de segunda que éramos los peronistas. Entonces dijimos que esto no nos deja otro camino, otra forma de participación que el de la lucha, y ahí fue cuando nos organizamos ya por los años 57, 58 en los primeros comandos de la Juventud Peronista.

¿Que hechos concretos realizaban?

Era más bien ganar la calle y hacer actos de presencia, lo que después de llamaría agitación. Nosotros no conocíamos esos nombres, lo hacíamos empíricamente, un poco inorgánicos, como una forma de decir "aquí estamos".

¿Como evoluciona en ustedes la idea de la lucha armada?

Brevemente te diré que es el método de la prueba y cada prueba que hacés vas fracasando entonces vas pasando a otro método. El primero fue de agitación. El segundo fue el de acompañar como grupo de civiles a los intentos de golpes de militares llamados peronistas; nosotros decíamos "así como a Perón lo derribaron por medio de una conspiración y con elementos civiles que lo apoyaron, si nosotros tenemos
militares peronistas que dan un golpe, hacen una conspiración, sublevan las tropas y nosotros apoyamos, va a ser posible que Perón vuelva". Varias veces nos convocaron y se reunían y se preparaban los planes,que eran planes de papel nomás, porque en la práctica...
Perón anunció que volvía al país para colaborar a la unión nacional, nosotros decíamos: "general no lo van a dejar venir, es imposible" yo había estado con Perón en octubre del 63, entonces como venía con todas las ideas de la revolución y que teníamos que organizarnos, Perón dijo: "Yo vuelvo como prenda de unidad y paz entre todos los argentinos y voy a anunciar públicamente que el año 64 va a ser el año del retorno. Si este gobierno, que dice ser democrático no me permite el retorno entonces quedará abierto el camino de la violencia", finalmente Perón tomó un avión a Río de Janeiro, los militares brasileños lo detuvieron a pedido del canciller argentino y lo mandaron de vuelta para allá, nosotros a partir de esa fecha quedamos en libertad de acción dijimos que algo vamos a hacer, no es posible que siga el peronismo proscripto.
En el año 66 quedó abierta la vía de la lucha armada por todos los medios, los militares prometen gobernar por veinte años, prometen ser los reorganizadores del país, van a ser una nueva república y van a ser un voto calificado ¿por qué? ¿nosotros que somos?, y otra vez, con ese gobierno militar de Onganía la variante de ajuste pasaban a ser los trabajadores, otra vez la misma excusa de que había una necesidad de cerrar los ingenios que eran estatales, que había que privatizarlos, había que echar a la gente a la calle, entonces allí hubo para nosotros un punto de inflexión y ahí fue donde
decidimos organizarnos para la lucha armada, una parte rural otra parte urbana, y enfrentar a los militares en el único terreno que ellos nos dejaban, que era el de la lucha armada.

¿Qué fue Taco Ralo?

Taco Ralo fue parte de esa experiencia, los compañeros del Movimiento de la Juventud Peronista de todo el país, éramos los más concientizados o más convencidos de que éste era el único camino, no por haberlo leído, sino por experiencia propia de vivir nuestra historia, de sufrir nuestra propia historia contemporánea. Nos organizamos, un grupo iba a preparar un campamento en la zona de Tucumán, previamente se instalaban en un lugar para aclimatarse y para prepararse físicamente, una vez que estuviera completado el adiestramiento, la capacitación y la preparación física pensábamos dirigirnos a la zona de El Cochuna, en los montes tucumanos, para iniciar esta presencia guerrillera y simultáneamente con eso en las ciudades iban a aparecer los destacamentos, que se iban a llamar Destacamentos Descamisados Eva Perón,
para hacer acciones espectaculares, propaganda armada y con todo eso pensábamos que íbamos a movilizar y arrastrar a todo el peronismo y a toda la gente, lo cual de alguna manera fue así aunque no bajo nuestra dirección, sino que se dio en una forma más espontánea, más generalizada, con la aparición de otras organizaciones peronistas y no peronistas.

¿Lo de Taco Ralo, lo tomaron como un fracaso?

Desde el punto de vista de lo que fuimos a hacer fue un fracaso, no hay que tenerle miedo a las palabras, para nosotros fue como un mazazo, de esos que te dejan drogui.
Después vino el reconocimientos de toda la gente, se hizo un plenario, el mayor Alberte que era delegado de Perón en esa época sacó un comunicado diciendo que era mentira que éramos comunistas y queríamos suplantar la bandera argentina por el trapo rojo como decía el gobierno; y eso nos reconfortó, hubo una repercusión de ese fracaso.
Uno con el fracaso puede hacer una novela de llorar y estar lamentándose toda la vida,
o puede convertirla en una campana de largada de algo, en nuestro caso de inmediato la solidaridad de la gente, el hecho de que nos reconocieran como militantes, el hecho de que no hubiera ninguna duda de que todo lo que habíamos hecho estaba en función de la lucha y la revolución hizo que nos sintiéramos reconfortados.
La cárcel fue en ese sentido una especie de beca, una beca para aprender, estudiar, estar cada vez más convencidos de que teníamos razón, Perón también nos hizo llegar una hermosa carta de solidaridad en el año 69, todo eso nos llevaba a nosotros a sentirnos como parte del movimiento que se puso en marcha. De manera que fue un fracaso pero fue como una campana de despertar y de ponerle frente al hecho consumado, concreto, que un grupo de jóvenes argentinos sin ayuda de nadie, sin apoyo exterior, sin el oro de Moscú o la plata de Cuba, había tomado la decisión de llevar adelante una lucha revolucionaria y la habían empezado a hacer, no se habían quedado en un palabrerío, por supuesto que estaban dadas las condiciones objetivas y subjetivas, había una dictadura, se habían anulado todas las actividades políticas, se había intervenido a la universidad, no es que nosotros un día nos despertamos como rebeldes o violentos y decidimos cambiar el mundo, sino que veníamos de esa larga militancia a pesar de nuestra juventud y de haber sido contemporáneos de todo ese proceso de ataque a los valores de la soberanía popular, de la democracia y conquista de los trabajadores.

¿Qué impresión tuviste cuando saliste en libertad en el '73?

La verdad que muy buena. Había un ascenso tan grande de las movilizaciones populares y de la lucha armada que parecía que estábamos al borde de la revolución. Esta idea del borde de la revolución es buena, porque también uno puede estar al borde del precipicio, estábamos al borde y confundimos ese gran apoyo y esa gran participación popular en todo el movimiento que sirvió de resistencia a la dictadura y que la acorraló y la obligó a dar elecciones y permitir que participara el peronismo y que Cámpora ganara en la
primera vuelta. Esa fue una gran confusión de creer que todo el gran apoyo que
había al movimiento de revuelta y resistencia a las dictaduras de Onganía, Levigston y Lanusse era un apoyo directo a los postulados de cada organización, llámese Montoneros, ERP, FAP o FAR que ya tenían, por un mecanismo interno de ideologización otros objetivos, que no eran solamente el retorno de Perón por ejemplo como el caso nuestro, sino que también eran el retorno de Perón, la toma del poder, la patria socialista, la construcción del socialismo nacional, la expropiación a la oligarquía, un cambio realmente revolucionario, prácticamente era como si el que hubiera tomado el poder hubiera sido el pueblo en armas, cuando en realidad era una retirada del gobierno militar con condicionamientos, que igual Cámpora no aceptó ninguno, pero que estaban allí intactas, no era que habían sido derrotadas y diezmadas en una batalla, están los
tipos acumulando bronca que después iban a desatar en 1976, aún antes con el apoyo que le daban a la Triple A y todos los grupos paramilitares que salieron a matar a los compañeros.

¿Fue un revés de esas organizaciones o del pueblo que no quiso hacer suyas esas reivindicaciones?

Los pueblos en ese sentido tienen tiempos diferentes a los de la organizaciones. Las organizaciones que están conformadas por hombres de carne y hueso que tienen una vida concreta, muchos habían muerto, habían dado su vida en aquellas batallas, termina uno creyendo que todo se mide con la corta vida de uno, que el cambio tenía que hacerse ahí, en ese momento, en esa hora, en esa encrucijada histórica. La revolución es un proceso lento, es un proceso de acumulación, ese proceso de acumulación las organizaciones lo apresuraron, creyendo que porque movilizaban 50 mil personas en una manifestación ya era suficiente para vencer la estructura del estado capitalista demoliberal-burgués e instaurar este gobierno revolucionario que por supuesto iba a ser conducido por los dirigentes de esas organizaciones. En el fondo se trataba de imponer la voluntad de esas organizaciones, no había un plan de convocar a todo el pueblo.
En nuestro país se creía que porque se leía un manual de marxismo-leninismo ya se estaba en condiciones de saber como se tomaba el poder o se manejaba un país y ya todos éramos economistas o ministros.
Creo que en ese momento la gente quería un respiro, veníamos de ocho años de dictadura, la gente quería mejorar su situación. La revolución se mide también por reformas que se van acumulando hasta un punto que esas reformas son tantas que más que reformas es una revolución. Quisimos forzar los tiempos de la historia, no fuimos capaces de ver que los pueblos tienen otros tiempos, y había que haber respetado esos tiempos.
La gente entre el tiempo y la sangre elige el tiempo, dice que no vamos a sacrificar lo poco que tenemos, consolidémoslo. No es tan lineal todo, porque hubo muchos grupos que trataron de parar eso, el Peronismo de Base con esa idea de construir una organización independiente de los burócratas o de los traidores y trabajar con las bases, dentro de Montoneros también hubo expresiones que veían eso y trataban de parar la pelota, pero ya los tiempos se habían agotado y la dictadura militar se instauró para acabar con cualquier tentativa aún reformista o contestataria, no hablemos ya de una tentativa revolucionaria.

A partir del golpe militar se consolida un modelo de país distinto al que ustedes tanto pelearon ¿Cómo vivís esa derrota?

Mal, muy mal. Porque es cierto, como modelo de país no es este el que soñamos, no es este el país por el cual lucharon y entregaron su vida nuestros compañeros, este es el país del individualismo, del no te metás, del sálvese quién pueda, de la exclusión social, del modelo económico que beneficia a unos pocos y deja con el rótulo ahora de marginales a la mayoría de la población.
Éste es el mayor mérito de la dictadura, que a pesar de haber sido derrotada políticamente, su proyecto económico, el proyecto económico que ya sustentaron
en el 55 cuando nos quisieron meter de prepo al Fondo Monetario Internacional, éste organismo creado por los norteamericanos sobre todo para distribuir las ganancias y hacer que siempre el producto del comercio de las naciones fuera a parar a sus manos.
Todo eso lo vivo con una gran tristeza, pero al mismo tiempo no nos han vencido, porque somos muchos los que inorgánicos, independientes, fuera de los partidos o modelos existentes seguimos pensando que es posible construir otro país, que es posible transformar las relaciones de competencia, de pisarle la cabeza al que está al lado, de trepar, de ganar, este modelo que nos han puesto como el único posible,
el modelo del triunfador, del que viaja al extranjero, toda esa obscena exhibición de riqueza al lado de gente que no tiene ni para el mate cosido ni para el transporte.
Creo que es posible todavía un país diferente y hacer de esta gran derrota, de éste gran terrible modelo económico y militar que aplicó la dictadura, ir construyendo una esperanza, ser pacientes, perseverantes, innovadores, ser capaces de construir herramientas diferentes de transformación de la realidad, más chiquitas, sin soñar con las grandes organizaciones que quieren cambiar todo de una vez y para siempre, sino seguir cambiándolas de a poco en nuestro barrio, en nuestra facultad, reaccionando ante cualquier injusticia, siendo capaz de comprometerse, de ensuciarse, de meterse donde aparentemente a uno le dicen: "no, ¿para que te metés?, ¿vos que tenés que hacer en esto?, vos no sos villero, no sos obrero". No, yo siento como propia esta injusticia, yo me meto para cambiarla.

Así creo que esa derrota de un proyecto de país liberado, de un proyecto de país con justicia social, con soberanía política y con independencia económica se va ir revirtiendo en la medida de que cada uno de nosotros seamos capaces de construir desde nosotros mismos ese mundo solidario, más justo, más fraterno, más igualitario que soñamos y por el cual luchamos.

Extraído de www.envarelkadri.com.ar

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